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El 23 de abril de cada año se celebra el «Día Mundial del Libro y del Derecho de Autor», conmemoración que se remonta a 1926, que busca promover el disfrute de los libros y de la lectura y fomenta el acceso a la lectura para el mayor número posible de personas. El 23 de abril de 1616 fallecían Cervantes, Shakespeare e Inca Garcilaso de la Vega. También en un 23 de abril nacieron – o murieron – otros escritores eminentes como Maurice Druon, K. Laxness, Vladimir Nabokov, Josep Pla o Manuel Mejía Vallejo. En Chile este año hemos sufrido pérdidas de autores memorables como Armando Uribe, Enrique Lafourcade, Luis Sepúlveda, Marta Blanco en la narrativa y Alejandro Sieveking, en la dramaturgia. El libro es un testimonio de una época, de un lugar, de una cultura. Nos permite descubrir lugares, existencias, quehaceres, obsesiones, aprendizajes, arte. El soporte ha ido evolucionando de acuerdo a los tiempos, los hubo en tablillas de barro, en pergaminos, en papiros, hoy los tenemos en soporte de papel en formato electrónico; pero más que eso, hay una intención por dejar plasmado algo, porque pareciera que si queda vestigio de aquello sí existió. Hay libros y géneros propios de una etapa y ahí tenemos las epopeyas clásicas como las de La Odisea, La Ilíada, las tragedias griegas, que nos dieron a conocer personajes entrañables, tal como Aquiles, Ulises, Cassandra, Penélope, Edipo rey, por dar algunos nombres donde el hombre estaba a merced de los dioses, en conflicto con el destino, donde se creía en oráculos. Luego vino El poema del Mio Cid cuyo personaje simboliza el héroe cristiano, quien acusado ante su amo es desterrado injustamente, pero pese a aquello no se rebela contra éste, sino que emprende batallas, encomendándose a Dios para conseguir dominios para su patrón y que contrapone a todo lo que se creyó en la época clásica. Su contraparte, Las mil y una noches que promueve los relatos y poesías árabes y critica a los cristianos. El Quijote, quien pretende en el ocaso de su vida convertirse en caballero andante y junto a su fiel escudero Sancho Panza ir “desfaciendo entuertos” y en lugar de mejorarlos, muchas veces los empeora y que viene a ser una suerte de sátira a las novelas de caballería, tan populares en ese tiempo. Libro que marca el inicio de la novela moderna. Con las tragedias de Shakespeare, conocemos a Romeo, Julieta, Otelo, Hamlet, el rey Lear, Macbeth, personajes enfrentados a pasiones como el amor, los celos, la búsqueda de sí mismo, el odio, la traición, las ansias de poder y cuyos conflictos son más humanos y universales. Relatos de mujeres que comienzan a mostrar su pensamiento, como la historia del Genji, donde cuenta la vida en la corte japonesa o posteriormente, personajes femeninos empoderados como Jo en Mujercitas, Elizabeth Bennet en Orgullo y Prejuicio, Catalina en Cumbres Borrascosas, Jane Eyre, que se rebelan al ideal de felicidad impuesto por la sociedad o expresan pasiones desenfrenadas. Historias de leyendas que dieron paso a grandes clásicos como Drácula, que utiliza muchos recursos para dar verosimilitud a lo que cuenta o el señor de los anillos, que mezcla la hazaña con los poemas o canciones. Testimonios de una época infame, como el diario de Ana Frank, El hombre en busca del sentido, de Víctor Frankl, Rastros del guanaco blanco o más recientemente la historia de Malala. O que decir del boom literario que fijó la mirada del mundo en Latinoamérica y nos trajo tantas formas de contar una historia, haciendo saltos en el tiempo o adentrándose en la conciencia de los personajes; en fin la historia literaria es vasta, imposible de abarcar en una reseña. Es verdad que conmemoramos este día, como homenaje a la muerte de grandes literatos; pero también es necesario destacar que el libro es el soporte del conocimiento, del pensamiento, de la denuncia, de la expresión. Se sabe que Sócrates no escribió; sin embargo, su discípulo Platón se encargó de dar testimonio de sus enseñanzas y filosofía en sus diálogos y vuelve a resucitar cada vez que nos referimos a él y hablamos de su muerte como si hubiese ocurrido hace poco. Y así existen las ciencias, las humanidades, las artes porque se han ido dejando plasmado las experiencias, vivencias, historias, aprendizajes de las teorías, refutaciones, etc. Sabemos que la memoria es frágil y que, por último, por una ley inexorable no estaremos siempre; entonces el libro viene a ser el vestigio de lo que vivimos, descubrimos, aprendimos, sufrimos y que queremos mostrar y preservar.
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